Pequeñas situaciones cotidianas que generan ansiedad

Hoy en día tenemos acceso a la información de manera permanente. Con solo hacer un clic recibimos millones de estímulos que parecen brindarnos la información que buscamos de mil maneras y colores distintos. 

Pero estamos realmente informados?

Hay un centenar de páginas web, aplicaciones y espacios cibernéticos llenos de información, muchos de ellos con muy buena información fundamentándose en una u otra disciplina. No cuestionamos la información, sino nuestra posición frente a ella. Qué podemos hacer nosotros una vez que accedemos a toda esa información?

 

Primero, aclarar que información es todo  aquel estímulo que es capaz de reducir una incertidumbre y que pueda cuantificarse. (“Atención. Teoría y práctica”. A. Johnson, R. Proctor. Editorial universitaria Ramón Areces. 8tva. reimpresión 2024.)

Cuando hay un tema que desconocemos o queremos saber más, rápidamente buscamos en SanGoogle. Con dos o tres palabras, aparece un montón de información a la que podemos llegar con un simple click. Vale! Hacemos roll en la pantalla y vemos incontables enlaces a páginas web. Con toda esta información seguro que responderemos a nuestras preguntas! Abrimos un enlace, leemos, nos direcciona a otro enlace para profundizar más, y de ese a otro y así pasamos horas intentando consumir todo lo que aparece frente a nuestros ojos.

El dilema se presenta cuando nos damos cuenta (en el mejor de los casos) que no somos capaces de gestionar toda esa inmensa cantidad de información. ¡Es imposible! no tenemos el tiempo físico ni la capacidad cognitiva para procesarla. Y qué sucede? nos abrumamos. Bajo la exigencia (idealizada) de pretender leer TODO sobre algo, porque si allí está debo conocerlo, nos terminamos sintiendo sobrepasados, sobre estimulados, terminamos INVADIDOS POR LA ANSIEDAD. 

Si todo eso que está a nuestra disposición no somos capaces de atender, y les aseguro que NO SOMOS CAPACES DE ATENDER A TODO ELLO, deja de ser información, ya no cumple su función de reducir nuestra incertidumbre frente a determinado tema. Por el contrario, más que reducir la incertidumbre, aumenta la ansiedad. Se genera una sobrecarga mental que nos genera sobreexcitación y un estado de alerta alto, obligándonos a esforzar al máximo nuestros procesos cognitivos, y sabemos que cuando tiramos mucho de la cuerda… 

 

Qué se puede hacer en estas situaciones?

Cuando la ansiedad (o cualquier otra emoción) no se logra gestionar de una manera adecuada, la mejor opción es recurrir a un profesional. Con la guía de una Psicóloga,  aprendemos a conocer nuestros recursos y estrategias acordes a nuestros propósitos. Aprendemos a seleccionar hacia dónde dirigir nuestra atención, a no querer abarcar todo porque todo no no se puede. En definitiva con apoyo psicológico aprendemos a establecer prioridades y encontrar el punto óptimo para moderar la carga mental y generar respuestas adecuadas a determinadas situaciones sin emociones de ansiedad o fatiga.

Otra opción es poner un STOP. Dejar a un lado momentáneamente todos esos estímulos, CERRAR los OJOS y RESPIRAR. La práctica de Yoga es un recurso válido para fortalecer las estrategias destinadas a gestionar nuestras emociones. En una sesión de Yoga integral, no solo ponemos el cuerpo en movimiento, sino que aprendemos de a poco a controlar la respiración y así a calmar las emociones, brindando momentos de descanso a la mente. 

 

Si quieres saber más sobre cómo afrontar situaciones cotidianas de ansiedad, escríbeme!

Presta atención a tus emociones para cuidar tu mente y generar tu propia PAZ y BIENESTAR!

 

Vane Paz 🌟

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios